El Monstruo de Florencia, conocido en italiano como Il Mostro di Firenze, es el apelativo dado por los medios de comunicación al autor o autores de una escalofriante serie de ocho dobles asesinatos que sacudieron la provincia de Florencia, en la región de Toscana, entre 1968 y 1985. A pesar de los intensos esfuerzos de la justicia y la policía, y de varios procesamientos resonantes, muchos sospechan que el verdadero criminal o grupo de criminales nunca fue capturado ni identificado, dejando el caso oficialmente sin resolver.
El Patrón de los Crímenes
El modus operandi del Monstruo era implacable y notablemente consistente a lo largo de 17 años. El asesino atacaba parejas jóvenes en lugares aislados o descampados, a menudo dentro de sus vehículos. Primero disparaba con precisión y luego, con la pareja ya herida o muerta, apuñalaba a las víctimas. La característica más macabra de los crímenes era la mutilación posterior: el asesino cercenaba con precisión los órganos sexuales, particularmente el seno izquierdo, de las víctimas femeninas, llevándose estas partes como trofeos.
El arma utilizada en todos los crímenes fue una pistola Beretta calibre .22, modelo Long Rifle, que disparaba exclusivamente munición de la marca Winchester, serie H. En total, el Monstruo disparó 66 proyectiles a lo largo de sus ataques. El rastro de sangre comenzó con el doble homicidio de Antonio Lo Bianco y Bárbara Locci en Signa en 1968, y terminó dramáticamente en 1985 con el asesinato de los turistas franceses Nadine Mauriot y Jean Michel Kravechvilj. Tras este último crimen, el asesino llegó a enviar un fragmento del seno cercenado a la fiscal Silvia della Monica, un acto que horrorizó a Italia y la obligó a retirarse del caso.
La Búsqueda Desesperada: Pistas Descartadas
La investigación fue una de las más largas y complejas de la historia italiana, con más de 100,000 sospechosos interrogados. Los investigadores estuvieron al borde de la desesperación, conscientes de que los italianos no se sentirían seguros hasta que alguien estuviera tras las rejas.
Inicialmente, la policía se centró en la «pista sarda». Esta línea de investigación se originó en el primer asesinato de 1968, en el que fue condenado el marido de la víctima, Stefano Mele. Sin embargo, Mele tenía cómplices, entre ellos los hermanos Vinci, inmigrantes de Cerdeña con un pasado violento. El arma de 1968, que reapareció en los asesinatos de los años 70 y 80, probablemente estuvo en manos de uno de estos hombres. Aunque se arrestó a varios integrantes de este grupo, las dudas surgieron cuando el Monstruo volvió a matar en 1983 y 1984 mientras algunos de los principales sospechosos sardos estaban en prisión. En 1989, esta pista fue oficialmente abandonada.
El estancamiento llevó a un cambio drástico. En 1984 se fundó la «Squadra Anti-Mostro» (S.A.M.) y, a partir de 1989, bajo el liderazgo de Ruggero Perugini, se renovaron los métodos de investigación, aplicando técnicas aprendidas en el FBI. Los investigadores elaboraron perfiles psicológicos, describiendo al Monstruo como un individuo solitario, excepcionalmente frío, o bien, un hombre frustrado e impotente. No obstante, estos perfiles resultaron ser difíciles de encajar con los sospechosos posteriores.
Pietro Pacciani y la Bala Controversial
El foco de la investigación se trasladó al campesino toscano Pietro Pacciani (apodado Il Vampa o «la llama» por su mal genio), un hombre con un pasado criminal y una personalidad extremadamente violenta. Pacciani ya era un monstruo reconocido en su comunidad: en 1951 había asesinado a un hombre y violado a su prometida junto al cadáver, cumpliendo una larga condena. Más tarde, entre 1987 y 1991, estuvo en prisión por abusar sexualmente de sus propias hijas. El hecho de que este último periodo de encarcelamiento coincidiera con el período de inactividad más largo del Monstruo fue un factor clave para que los investigadores se centraran en él.
Una pista crucial que unió el pasado de Pacciani con los crímenes del Monstruo fue el detalle de la mutilación. En el expediente del crimen de 1951, se mencionaba que Pacciani entró en una furia ciega después de que su prometida mostrara su seno izquierdo, el mismo órgano que el Monstruo cercenaba.
El arresto de Pacciani se produjo en 1992, en gran parte debido al descubrimiento de la denominada «bala humeante» en su huerto. Durante una exhaustiva búsqueda de sus propiedades, los investigadores encontraron una bala Winchester .22, serie H, corroída y sin disparar, alojada dentro de un poste de cemento roto que Pacciani usaba como pasarela. Si bien la bala no fue disparada y, por lo tanto, no portaba la marca de defecto del arma del Monstruo, un informe balístico posterior afirmó que tenía «suficiente parecido» con las balas utilizadas en los asesinatos.
Sin embargo, las circunstancias en que se encontró la bala generaron enormes dudas, incluso entre la judicatura. El juez de apelación Francesco Ferri calificó el descubrimiento de «ilógico», sugiriendo que la bala pudo haber sido «puesta» por la policía para incriminar al granjero. A pesar de las muchas coartadas de Pacciani y el desacuerdo con los perfiles psicológicos, la presión por resolver el caso era inmensa.
Los «Compañeros de Merienda» y la Teoría de la Secta
Pietro Pacciani fue condenado en primera instancia en 1994 a múltiples cadenas perpetuas, aunque siempre proclamó su inocencia. Pero el caso dio un vuelco en 1996, cuando la Corte de Apelación lo absolvió por falta de pruebas.
El relato se complicó con la aparición de los llamados «Compagni di merende» (compañeros de merienda). Esta expresión, que pasó al léxico italiano como sinónimo de cómplices de fechorías, surgió de la declaración de Mario Vanni, un ex cartero con problemas cognitivos. Cuando fue interrogado sobre su relación con Pacciani, Vanni insistió en que solo habían ido a «hacer unas meriendas» juntos.
Mario Vanni y Giancarlo Lotti (otro hombre con discapacidad intelectual) fueron posteriormente acusados y condenados por ayudar a Pacciani en los asesinatos, gracias en parte a las confesiones de Lotti, quien se autoinculpó diciendo haber ayudado a Pacciani. El juicio contra estos hombres, que se apoyó en testimonios de individuos de los bajos fondos (incluyendo un proxeneta y una prostituta alcohólica) que se contradecían constantemente, fue sumamente polémico.
La teoría oficial que surgió de estos juicios fue que Pacciani, Vanni y Lotti actuaban en conjunto para robar los órganos sexuales de las mujeres a fin de venderlos a una secta satánica formada por personas adineradas y poderosas.
Pacciani murió en febrero de 1998, en circunstancias extrañas, mientras esperaba un nuevo juicio. Aunque oficialmente se consideró un ataque al corazón o un suicidio por sobredosis, algunos investigadores sospecharon que había sido asesinado para evitar que revelara los nombres de los verdaderos orchestradores, los miembros de la supuesta secta de la alta sociedad.
Hoy, la causa del Monstruo de Florencia sigue reabriéndose esporádicamente. Aunque los «compañeros de merienda» (Vanni y Lotti, quienes murieron en los años siguientes en prisión o en asilos) fueron condenados, el misterio persiste. Muchos investigadores y analistas creen que Pacciani, Vanni y Lotti fueron simplemente los ejecutores, mientras que la mente maestra, posiblemente un grupo oculto de élite con motivos ritualísticos, continúa impune.
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